Sistema Público de Salud: La gallina de los huevos de oro.


En estos tiempos que corren actualmente en nuestro país se tiende a culpar a la gestión política de todos los males que asolan a nuestra sociedad. Si bien es cierto que gran parte de la responsabilidad recae en aquéllos que votamos (sí, que hemos votado nosotros), a veces deberíamos cambiar el prisma para tener una visión algo más “holística” de la situación.
Supongamos un panorama completamente opuesto al de hoy día, en la que la situación de bienestar es extremo. Tenemos tal superávit que servicios como el transporte público está 100% financiado por nuestros ayuntamientos. Es más, las partidas presupuestarias permiten incluso que los ciudadanos estén completamente abastecidos en cuanto a agua, electricidad, gas… Los mercados funcionan, el sector agrícola se hace público. Existen supermercados que dispensan productos de bien público a sus ciudadanos de manera gratuita.
Una situación de bienestar en el que todos tenemos de todo. ¿para qué elegir entre manzanas o peras si podemos tener de las dos? ¿Para qué tomar una ducha si un baño semanal sienta estupendamente? Qué gusto dar dormir con la tele encendida, y no pasar calor durante la noche dejando el airea acondicionado. Total, lo pago con mis impuestos y tengo derecho. No existe necesidad de andar los cien metros que separa mi casa del colegios de los niños si, total, el autobús me deja de puerta a puerta, el fastidio es que se encuentra tan abarrotado de gente… Bueno, sin problema, se coge el taxi que gentilmente el ayuntamiento nos sufraga.
Tanto las peras como las manzanas se pudren en la cesta, a la basura y de nuevo al super, esta vez además de manzanas y peras cogeremos cerezas, higos, fresas y ciruelas. A veces es necesario subir la temperatura del aacc o abrir las ventanas, porque como los demás vecinos también lo mantienen encendido empieza a hacer frío de más. De hecho, el agua del baño se queda fría. Nada, a vaciar la bañera y llenarla de nuevo, vaya faena y pérdida de tiempo!
Ni taxis se encuentran ya, acabo de llamar a uno, llevo esperando veinte minutos y no ha aparecido! Encima los autobuses tienen lista de espera. Voy a poner una reclamación! Por eso y porque cuando fui al super ya no quedan cajas de zumo natural. Siempre me gusta tener un par en la despensa por si alguna vez me apetece tomar, pero ahora se me han caducado y no quedan en el supermercado. ¡Qué vergüenza! ¡Que asco de gestión!
He escuchado que existe tanta gente pidiendo taxi que ahora pretenden que la llamada telefónica cueste dinero, en lugar de poner más taxis. ¡Un despropósito! Pretenden boicotear el sistema. Existe gente que, pobrecita, tiene que ir andando… andando por la calle! Pienso encararme con la cajera la próxima vez que me diga que no queda bollería porque a ver qué se ha creído y que se entere de una vez quién le está pagando su sueldo…

Aunque pueda sorprender, no es del todo irreal esta situación. Existe un servicio público y gratuito que está abocado al fracaso, sin embargo la culpa no es tanto del político como del usuario. Evidentemente, me refiero al sistema público de salud. El usuario tiene todos los derechos, no desea ser visto por el médico de familia, si es la segunda infección de orina, exige ser visto por el especialista en urología. Si el médico de familia se pone flamenco, se le pone una amonestación y acude a urgencias, que allí “sí que te hacen caso”. Aunque claro, qué vergüenza tener que esperar tanta cola de gente. Gente que acude a urgencias porque se le gastaron las recetas de la tarjeta, para que le examine el trauma porque tiene ochenta años y lleva diez meses con dolor de rodilla o para que le hagan un “scáner” porque le duele la espalda desde ayer. Y, claro, las listas de espera para los especialistas, madre mía! Una barbaridad, tres meses nada menos. A este paso me voy a morir por culpa de ese horrible bulto del pie que mi médico de familia insiste en que es un juanete, pero yo digo que no tiene ni idea y que es el traumatólogo el que lo tiene que ver. Que para eso pago mis impuestos… Como no quiero esperar y tengo seguro privado, que eso sí que funciona bien, voy a pedir cita al especialista. Mira qué bien! Me ha dado cita para el día siguiente, lamentable que tenga que recurrir al seguro privado porque si fuera por la SS, me moría.
Qué amable fue, qué bien se ha portado. Me ha mandado unas pastillicas, al ir a la farmacia me ha dicho el boticario que cuestan nada menos que cincuenta euros, qué disparate! Yo, que pago mis impuestos… Menos mal que el amable comerciante me ha indicado que vaya a mi médico de familia, ya que se recetan por la seguridad social…
Ahora resulta que el médico de familia se niega a hacerme recetas de tratamiento de seguro privado. Asco de sistema! Esto es por la privatización, seguro! Pues ahora mismo le pongo una reclamación y me cambio de médico. Son unos clasistas que por ser clase obrera nos tienen aguantando en la sala de espera… a los que le estamos pagando su sueldo! Y mientras la industria farmacéutica les paga viajes, ipad y además les regala bolígrafos!

Pues sí, así es la realidad. Si ciertamente el sistema público de salud está fallando es porque el propio usuario lo está reventando, porque lo que es gratis nunca se valora ni se cuida. Resulta lamentable que teniendo una gallina de huevos de oro se nos antoje cenar caldo de pollo.

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