Científicos olvidados: La asepsia de Semmelweis.


Lo que a día de hoy puede parecer una rutina médica: Limpieza, higiene, desinfección de heridas, material esterilizado… No fue, para nada, el patrón seguido por los médicos de otras épocas. Es más, el simple hecho de lavarse las manos tampoco era en absoluto un gesto común en un hospital.

Hace unos 200 años se pudo empezar a hablar de la medicina moderna, de los métodos de cirugía y de todo lo que a día de hoy tenemos como algo básico del mundo de la salud. No debemos olvidar que aunque tratemos una época no muy lejana, con métodos quirúrgicos, universidades, científicos afamados… Todavía persistían carencias científicas que a día de hoy parecen sencillamente ridículas. Por ejemplo,   nadie sabía apenas nada sobre la influencia de los microorganismos en las enfermedades hasta 1882 con los Postulados de Koch.

Aquí comienza la historia de Ignacio Felipe Semmelweis. En una etapa de la medicina en que pese a que el desarrollo de algunos métodos no paraba de aumentar, la muerte por septicemia (infección generalizada del organismo) era al mismo tiempo, de lo más común.

1632

Semmelweis nació en Buda (Hungría) en 1818, cursa estudios elementales y posteriormente estudia en la Universidad de Pest con intención de licenciarse en Derecho, carrera que deja por la medicina tras presenciar una autopsia. En 1844 se licencia y comienza a ejercer con una creciente inquietud acerca de las infecciones en el campo de la cirugía. Como llegó a citar en una ocasión:

“Todo lo que aquí se hace me parece muy inútil; los fallecimientos se suceden de la forma más simple. Se continúa operando, sin embargo, sin tratar de saber verdaderamente por qué tal enfermo sucumbe antes que otros en casos idénticos”.

En 1846 obtiene su doctorado en obstetricia y comienza a trabajar con el doctor Klein en una maternidad de Viena. Al poco tiempo comienza a preocuparse de la alta mortalidad que presentan las parturientas, que fallecen en gran número tras el parto entre fuerte dolor y un intenso hedor.

Por aquel entonces los datos eran espeluznantes. Existían dos salas de parto y en una de ellas el índice de muerte por sepsis puerperal era del 96%, en la otra de un 30%. Semmelweis comenzó a fijarse en las diferencias entre las dos salas, en la primera de ellas solía haber estudiantes de medicina que venían de las clases de anatomía forense mientras que en la segunda solamente trabajaban las matronas.

Entonces se le ocurrió colocar un grifo y obligar a los estudiantes a lavarse las manos antes de tratar con las mujeres allí presentes. La tasa de muertes descendió, pero el doctor Klein seguía afirmando que era cuestión de la brusquedad en los trabajos de los estudiantes o incluso afirmaba que era causa de que 20 de sus alumnos eran Húngaros, nunca apoyó la idea de Semmelweis de que las manos de los estudiantes fuesen un vector de infección. Ante la persistencia de Semmelweis, este fue expulsado.

La teoría que se formula Semmelweis es rudimentaria y poco concisa pero resulta ser cierta con el tiempo. Piensa que los estudiantes deben de portar en sus manos algún tipo de materia putrefacta no visible que traspasan a las parturientas causándoles la sepsis puerperal. La muerte de un antiguo profesor tras sufrir una herida en una autopsia le confirma sus hipótesis.

Por influencia del doctor Skoda comienza a trabajar en la sala del doctor Bartch en 1847. Allí continúa sus experimentos y prepara una solución de cloruro cálcico con la que obliga a lavarse las manos a los estudiantes de medicina antes de tratar con las parturientas, el resultado fue una disminución hasta el 12% de mortalidad. Posteriormente extiende esa norma a todo aquel que quiera tratar con las mujeres de la sala de partos reduciendo las muertes a un sorprendente 0’23%. Pese a ello sigue siendo rechazado por médicos influyentes en la corte como su antiguo compañero el doctor Klein y, pese al apoyo de otros doctores, es relegado de su cargo.

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Tras la muerte del profesor Birly es nombrado profesor de la Maternidad de la Universidad de Pest y a partir de ese momento prácticamente desaparecerá la muerte por sepsis puerperal. En esta época comienza un declive intelectual que terminará con Semmelwis en un asilo con síntomas de algún tipo de demencia como el Alzheimer.

En Abril de 1865 se le da de alta por sus síntomas de mejoría, acude al pabellón de anatomía, procede con una autopsia delante de sus alumnos y se produce a si mismo un corte con el mismo instrumental que había utilizado. Fallece a los 47 años, tres semanas después de producirse el corte y bajo los mismos síntomas de infección que había visto tantas veces. Sus aportes quedarán prácticamente olvidados en comparación con los de Joseph Lister, que se basó en la obra de Semmelweis para crear los métodos asépticos por calor en la práctica quirúrgica y convertir así operaciones que eran condenas de muerte en procesos rutinarios.

BIBLIOGRAFÍA:

 

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4 thoughts on “Científicos olvidados: La asepsia de Semmelweis.

  1. no me sorprende el olvido..si pasan unos años y la me memoria te juega mal pero estos sucesos deben recordarse..siempre..como dijo goethe mas o menos ..asi: que el hombre debe tener por o menos 3000 años de memoria..si quiere llamarse como tal…

  2. Lord Joseph Lister, dijo en 1906, en Londres y en una conferencia sobre la asepsia:
    Sin Semmelweis, mis resultados hubieran sido nulos. Es a este gran hijo de Hungría a quien la Cirugía debe más.

    Y les voy a decir que aún hoy en día, hay muchos profesionales de la medicina, sean médicos ó enfermeras, que no saben quién fue Semmeweis y Lister.
    Y sobre todo en el mundo de la enfermería ignoran que es la asepsia.
    Y eso a pesar de que hay órdenes por escrito del ministerio de salud, alertando del aumento de problemas y fallecimientos debido a las infecciones debido a la falta de asepsia. Si se formase mejor al personal sanitario se evitarían muchas bajas y gastos económicos.
    Se de lo que hablo por haberlo padecido personalmente, ya que después de una operación de cáncer de cólon , el único problema que tuve fue una infección de caballo, que no acabó conmigo , porque lo vi venir y tomé mis medidas. Es largo de explicar, y con sólo decirles que, al decir a la enfermera que se tenía que lavar las manos antes de hacerme la cura, me contestaba que ya se las lavaría al terminar. Como comprenderán las hechaba de mi casa.y me hacía la cura yo como podía, y eso después de la infección. En fin hay muchas lagunas en nuestra medicina, y los médicos lo saben.

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