Reconstruyendo a Orwell… (sobre el terreno)


The Road to Wigan Pier

Si la libertad significa algo, es el derecho de decir a los demás lo que no quieren oír“… Puede que algunos periodistas españoles de los de hoy crean que cuando George Orwell escribió esta frase, se refería a los lectores¡! Al menos, esa es la impresión que queda después de leer lo que publican los diarios en España. Los sufridos lectores de la poca prensa que se lee; los “abducidos” espectadores de los canales de televisión y los cada vez menos oyentes de radio; son los únicos a los que los periodistas le dicen lo que no quieren oír. Pero Orwell se refería al “bufón” que todo buen periodista ha de llevar dentro. Y el bufón no lo era para decirle al pueblo lo que no quería oír, sino para decírselo al rey y a la corte¡! A quienes detentan el poder, a quienes podían ordenar la muerte del bufón al minuto siguiente de haber escuchado su crítica. Es decir, “al Presidente del Gobierno, a los ministros, a los cardenales y obispos, a los dueños de los bancos y de los grandes grupos empresariales¡! a los que pagan la publicidad de la que viven hoy todos los medios de comunicación¡!“; a los amos del mundo… porque son esos pocos los que viven “otra realidad” y por eso necesitan que se les recuerde la realidad del pueblo. Y si los bufones se ponen de parte del rey y critican al pueblo, entonces están haciendo “relaciones públicas“, no periodismo.

En Birmania mucho después de Orwell

George Orwell (cuyo nombre real era Eric Arthur Blair) fue un periodista que había nacido en un lugar convulso, que vivió en una época convulsa, “siempre sobre el terreno“, viajando y conociendo de primera mano aquello que luego plasmaría en sus artículos, crónicas, ensayos y novelas. Porque Orwell sabía escribir¡! Y escribió. Pero también fue policía (en Birmania), maestro de escuela, dependiente de una tienda de libros usados y vagabundo (en Inglaterra), lavaplatos (en París), miliciano (en España) y tampoco desconocía “el lado oscuro del periodismo“; en 1941 trabajó para el Servicio Oriental de la BBC, y su trabajo allí consistía en hacer programas para conseguir el apoyo de India y del este asiático para los ejércitos aliados. Pero siempre fue consciente de que lo que hacía entonces era “propaganda” y pesar de los buenos ingresos (Orwell siempre estuvo necesitado de dinero…), en 1943 renunció y se fue a ejercer como columnista y editor literario del TRIBUNE, una revista semanal de tendencia izquierdista que estuvo a punto de desaparecer en octubre de 2011 y a la que Internet mantiene viva.

De los recuerdos de su época como miembro de la Policía Imperial India surgió la novela: La Marca (Los días de Birmania); en esta obra literaria habla acerca de los últimos días del imperialismo británico en Birmania. Los personajes estaban basados en personas reales y se vio obligado a cambiar algunos nombres, incluso de lugares, porque los editores temían la reacción de los oficiales británicos ya retirados a los que mencionaba. Finalmente, ninguno de ellos interpuso demanda alguna contra la obra del periodista, sabían que lo que se contaba en la novela era bien cierto, que el que la escribió lo había vivido de primera mano y así “es muy complicado contradecir a alguien que cuenta su verdad y esta coincide con la verdad” y Orwell sabía muy bien sobre qué escribía, porque o lo había vivido, o lo vivía antes de escribirlo. Y esta máxima es válida para sus crónicas y artículos periodísticos y para sus novelas incluidas las distópicas, en cuanto que son en buena parte una proyección futura de una realidad en la que él ya había tomado buena nota del tremendo poder de la “información sensible” (eso que ahora llamamos pomposamente: privacidad, intimidad…) en manos del “sistema” (cualquier sistema, los criticó todos incluido el socialismo del que fue militante), la vigilancia total y la manipulación de las masas.

Para acercarnos un poco más al Orwell periodista, hemos de apartarnos un poco de las novelas más conocidas (Rebelión en la Granja y 1984) y centrarnos en el relato “El camino a Wigan Pier“. Para escribir esta pequeña gran obra, George Orwell mostró “cual es el trabajo de un auténtico reportero social” (poco que ver con los programas de televisión que pretenden ese estilo en varias televisiones españolas actualmente). El camino a Wigan Pier es un ejemplo de cómo ha de abordar un periodista las investigaciones sociológicas. Comienza relatando como era el trabajo en las minas de cobre en el norte de Inglaterra y continua con un ensayo extenso de sus vivencias; denuncia todo lo denunciable, sin excluir a a nadie (políticos, empresarios, sindicalistas). No olvidó entrar en muchas viviendas modestas para ver con sus ojos las condiciones ínfimas en las que vivía la gente, anotó sus ingresos, y pasó días enteros consultando en la biblioteca los registros de salud pública e informes laborales en las minas.

Por esta manera de trabajar las noticias, las crónicas, los ensayos y las novelas; Orwell siempre tuvo muchos problemas con los editores, temerosos de sufrir las represalias de aquellos a los que el periodista y escritor nombraba de forma directa o eran demasiado reconocibles en los personajes de sus obras literarias. El relato “El camino a Wigan Pier” fue editado en 1937 mientras él estaba incorporándose a las milicias en Barcelona y el editor, sin consultarle, incluyó un prefacio porque temía que algunas de las denuncias en las que Orwell incluía a elementos de “la izquierda” pudiesen ofender a los lectores habituales del “Left Book Club“; el nombre lo dice todo. Pero, a pesar de este tipo de maniobras, de las presiones y los intentos de desacreditarle, George Orwell siguió adelante “Ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante“, dejó dicho. 

Se consideraba un hombre de izquierdas, pero eso no le impedía reconocer que: “si bien se necesitaba un cambio radical en las sociedades occidentales, y por tanto en los países capitalistas, el estalinismo representaba una amenaza a los principios que lo sustentaban” y, si los críticos no fueron nunca bienvenidos en política, los “autocríticos“, lo fueron y lo son aún menos. Orwell participó en la Guerra Civil Española pero no se dedicó a observar los acontecimientos desde un cómodo hotel en la retaguardia, no; estuvo en el frente (Huesca) y recibió un balazo en el cuello. Años antes, en París, había contraído la tuberculosis (que acabaría matándole en enero de 1950) y regresó a Reino Unido. Sin embargo, su enfermedad no le impidió ser miembro muy activo de la British Home Guard, (los que detuvieron a Rudolf Hess), por lo que recibiría la Medalla de la Defensa durante la Segunda Guerra Mundial y escribir sus experiencias en el libro Diario de guerra 1940-1942

La obra de George Orwell se caracteriza por la gran inteligencia e ingenio que imprimió en todo lo que escribió, una profunda conciencia de la injusticia social, una intensa oposición al totalitarismo, la pasión por la claridad en el lenguaje y la creencia en el socialismo democrático. Hoy es considerado quizá como el mejor cronista de habla inglesa del siglo 20 de la cultura Inglés. Escribió crítica literaria, poesía, ensayos, novela, novela de ficción y sobre todo hizo: periodismo polémico y su influencia en la cultura popular y política perdura y perdurará. Muchas de sus frases y neologismos (“Algunos animales son más iguales que otros” y “Gran Hermano está mirando“) son ya patrimonio de la cultura occidental y tan actuales o más que cuando los escribió¡!. Cuando decimos que algo es “orwelliano” es bien sabido que estamos hablando de “prácticas de manipulación realizadas por entes totalitarios, ya sea un estado, un ayuntamiento o el cuerpo de policía“.

Los periodistas de hoy tienen mucho que aprender de Orwell… De su nulo interés por el éxito o la fama (cita de Terry Eagleton); de su verdadera vocación (sabía que quería dedicarse a escribir desde los seis años y durante los cinco años que pasó en Eton gracias a una beca, se aburrió mucho porque no existía la especialidad de “literatura inglesa“); de su ética (pese a su compromiso social inquebrantable con las clases desfavorecidas y aún siendo un funcionario de la corona británica, escribió muy claro acerca del imperio británico y de la las clases bajas): “escapar de cualquier forma de dominio del hombre sobre el hombre“; de su mirada certera sobre la realidad: “en una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario“.

Observando la vida y la obra de Orwell y de otros periodistas de los que hablaremos en el futuro; no es descabellado asegurar que para ser un buen periodista, además de ingenio, inteligencia, ética, no perseguir la fama y vivir (o con…) las fuentes; es conveniente haber vivido sin muchos recursos económicos, conocer la pobreza, la miseria…

George Orwell escribió su primera obra conocida sobre eso: “Down and Out in Paris and London” (Sin blanca en París y Londres) y termina con este párrafo: “Mi historia termina aquí. Es una historia bastante trivial y sólo me cabe esperar que interese de la misma manera que interesa un diario de viaje. Por lo menos, puedo decir: este es el mundo que te espera si alguna vez te quedas sin dinero. (…..). Nunca volveré a pensar que los vagabundos son un atajo de borrachos, ni esperaré que ningún mendigo se sienta agradecido por haberle dado una limosna, ni me sorprenderé de que carezcan de energía los que no tienen trabajo, ni me suscribiré al Ejercito de Salvación, ni empeñaré la ropa, ni rechazaré una octavilla, ni comeré en un restaurante elegante. Algo es algo“.

BIBLIOGRAFÍA: toda obra utilizada está enlazada desde el mismo texto y en los pies de foto de las imágenes. la autoría de los contenidos externos que se enlazan queda atribuida.

CRÉDITOS: se han utilizado contenidos que pueden encontrarse en las siguientes fuentes en Internet.

Being Poet

DAILY MAVERICK

libros y aguardientes

El Rincón del Vago

En cuanto al texto, se licencia bajo Creative Commons por el autor del original y en todo caso dentro del ámbito de www.iguanamarina.wordpress.com

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