La sociedad de las bacterias


Hace ya algún tiempo planteé una pregunta a un buen amigo biólogo. Le comenté si sabía si las bacterias tenían un programa de apoptosis. Me explico: nuestras células tienen un mecanismo de control por el que tienen una vida limitada y pasado un número determinado de divisiones, mueren. Eso es la llamada “apoptosis”, un mecanismo que es burlado por parte de las células tumorales (al parecer en relación a una mutación en la enzima telomerasa). Bien, pues mi pregunta iba enfocada justo a eso: si las bacterias son como los organismos multicelulares y tienen una muerte programada, o si por el contrario su actividad se asemeja más a un tumor invasivo y se reproducen infinitamente y sin restricciones.

Lo cierto es que dio para más de una charla. Parece que existen mecanismos de inhibición de crecimiento central en las colonias, y es posible que cuando el sustrato alimenticio disminuye pudiera limitar el crecimiento. En cualquier caso, quisiera resaltar este comportamiento tan absolutamente distinto a nosotros. Y digo diferente en todos los sentidos, incluso en el sentido social, y me explico:
Si las bacterias compitieran entre sí sería muy sencillo aniquilarlas y no costaría tanto trabajo crear antibióticos, puesto que se podría cruzar cepas que compitieran contra otras y extraer su “arsenal químico” para producir los antimicrobianos. Sin embargo, la naturaleza nos soprende una vez más. Las bacterias no solo no compiten entre sí (ni en la misma cepa ni entre distintas!) sino que colaboran unas con otras. Esta es la base de lo que denominamos la aparición de “resistencias antibacterianas”. Cuando unas bacterias invaden aun organismo y es tratado con antibióticos para eliminarlas, es posible que algunas de estas bacterias posean mutaciones (al azar) que les confieran una ventaja ante este medio hostil. ¿Qué tipo de ventajas? Por ejemplo, un gen que codifica una proteína transmembrana (a modo de “poro”) que expulsa el antibiótico cuando entra en la bacteria, o bien un gen que produce una enzima que inhabilita este antibiótico. De este modo se han desarrollado las resistencias a los principales agentes antibacterianos: penicilinas, aminoglucósidos, macrólidos…
Se ha comprobado experimentalmente que hacer convivir bacterias resistentes a antibióticos con bacterias sensibles hace que en un periodo de tiempo todas se vuelvan resistentes… ¿Cómo es esto? Lo que ocurre es que las bacterias tienen la capacidad de trasmitir ese gen vetajoso a través de unas envolturas llamadas “plásmidos” para que otra bacteria (de su cepa o de otra) la ingrese en su ADN y se haga resistente. Más aún; cepas de bacterias muertas que eran resistentes a este antibiótico mezcladas con cepas de bacterias sensibles, hacen que en un tiempo aparezca resistencias en todas ellas. Esto es; las bacterias muertas aún tienen la posibilidad de trasmitir esa información!

Es un comportamiento que como poco da para una larga reflexión. La especie humana es todo lo contrario; nuestra vida está limitada y nuestra forma de actuar es acérrima a una continua competencia. La tendencia es de superar a los demás pisándoles, lo hacemos como individuos y también lo hacemos como empresas, como gobiernos…
Siempre se ha dicho que la naturaleza es competitiva, es agresiva y sólo sobrevive el más fuerte. Bien, pues recordemos que una vez hace muchísimos años no fuimos así.

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