Nos quedamos sin armas


Existe un problema latente y, por ahora, relativamente silencioso. Algo empeorado por la crisis y por las políticas de algunos laboratorios: Nos estamos quedando sin antibióticos.

Desde 2004, apenas se han creado nuevas moléculas para combatir las infecciones bacterianas. En cambio, las bacterias ya han “aprendido” cómo burlar nuestros obsoletos medios para eliminarlas.
Para entender la entidad de este problema hay que recordar que “el enemigo está dentro de nosotros”. Más del 90% de nuestro peso que no son células, son bacterias. Conviven en nuestro organismo en relativa paz hasta que por cualquier proceso nuestras defensas no pueden mantenerlas a raya (y no, esto no se soluciona con actimel). Cualquier proceso grave, no necesariamente una infección, puede favorecer la translocación bacteriana desde intestinos y mucosas hacia el interior del organismo. Con ello se produce la septicemia, shock séptico, fallo multiorgánico y muerte.
Resulta curioso, como comenté que no se generan nuevas moléculas antibióticas desde hace años, y en cambio para problemas como la disfunción eréctil se han creado más de cinco en el último año…¿La razón? Ya lo intuís: $
En parte es razonable, porque crear un antibiótico supone una inversión colosal, muchos años de ensayos clínicos (la mayoría sin conseguir nada a pesar del tiempo y dinero gastados) para tener una patente que caduque muy pronto. Si añadimos que al mundo en general (y a nuestro país en particular) no parece interesarles la investigación…el coctel está servido.
Algunos recordaréis el famoso episodio de la infección por E.Coli en Alemania (sí lo de los pepinos españoles…). Bien, lo que ocurrió fue bien simple: apareció una bacteria contra la que no existía ningún antibiótico con la que eliminarla o frenarla. No sé si la gente se hace una idea real de la entidad del problema, pero se puede decir que nos encontramos casi como en la era preantibiótica. ¿Alguien recuerda los libros de historia, las pandemias, las infecciones propagadas por todo el mundo y la enorme mortalidad que trajo? Si llegado el caso, se produjera una catástrofe, es de suponer que la industria se pondría manos a la obra para crear nuevas moléculas. Pero se tarda mucho tiempo, y al inicio los resultados son inciertos y desconocidos (ejemplo: vacuna de la gripe H1N1)

Actualmente, los profesionales intentan optimizar el discreto arsenal con el que contamos para evitar hacer aparecer esos “monstruos de tres cabezas” resistentes a nuestros antibióticos. Un buena manejo de antimicrobianos puede conseguir estirar el tiempo en el que nuestros antibióticos sean eficaces. Sin embargo, y aunque contamos con una discreta ventaja, esta carrera ya la han ganado las bacterias.
Las bacterias sólo necesitan pocos segundos para crear cientos y miles de individuos, nosotros necesitamos años para crear 2 o 3. La ventaja evolutiva es brutal, y peleamos con armas de juguete en una guerra que ya tenemos perdida.

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